Ser el 7° y además papá.

Para muchos es un detalle curioso el que un hijo comparta el mismo nombre con su papá, incluso hay familias en donde también se comparte con el abuelo. Para mí y las 6 generaciones que me preceden, el llamarse Silvestre López Portillo es una cuestión de honor y amor. Yo no solo amo a mi padre, lo admiro como hombre y como persona. Es un honor llamarme como él.

El ser el 7° en la lista directa es un compromiso. Continuar no solo con el nombre de mi padre sino con su ejemplo de vida, de educación, de lealtad y amor hacia mi madre, honestidad en el trabajo, entrega en la amistad, simpatía y un humor lleno de frases sarcásticas ante la adversidad y fortaleza ante los vicios y problemas cotidianos. Mi padre es tan grande y amoroso que ha dejado que su luz en mi vida no sea tan cegadora y me permita admirar a mi mejor amigo y hermano y  al hombre más sorprendente que es mi abuelo.

Cuando supe que iba a ser padre no entendía que era eso. La paternidad era como un asunto de gasto de pañales, comida, colegiaturas, etc. Ser papá era sinónimo de “ya te chingaste porque ahora si empieza lo bueno”, “se acabó el sueño” y mil frases más. El día que recibí la noticia de que venía mi talibán mayor, mi padre me vio con tal cara que pese a la gran emoción y felicidad que me embargaba, estaba pálida y llena de espanto por no saber qué hacer.

Al día siguiente me llamo y me pregunto, ¿Cómo estás?, yo conteste que bien y me arranque con la letanía del “por donde empiezo”. Mi jefe me pregunto ¿Qué tienes que hacer hoy? A lo que le conteste y terminó diciendo, “haz lo que tienes que hacer hoy y mañana nos hablamos” eso hice. Al día siguiente le marque y me dijo, lo mismo, ¿Qué tienes que hacer hoy?, y “Hazlo y mañana me hablas”. Al tercer día todo igual, hasta que el 4° día solo me comento “así es a partir de ahora tu vida, haz lo que tengas que hacer hoy y suerte mijito te quiero y aquí estoy con tu madre para lo que necesites”. Desde ese día hace más de 10 años solo me levanto las mañanas a hacer lo que debo hacer y tratar de no dejar mucho en la bandeja de los pendientes.

Ser padre me hizo cuestionarme ¿Cómo me presento? ¿Quién soy? ¿Me creerán?, ¿Confiaran en mí?, ¿Les cuento que he hecho?, ¿Y si no sé?, ¿Y si me preguntan?, ¿y si me equivoco?, y mil preguntas por segundo diarias. Después con los días todo ha sido cuestión de no perderle el miedo a equivocarme y vivir intensamente el proceso.

Para mí, la definición de ser papá fue muy fácil de encontrar, de descubrir, sentir y de vivir con ella. Yo descubrí que ser papá es nunca más estar solo. Desde el primer momento que tuve a mi hija en los brazos supe que siempre iba a estar acompañado, me podría morir de todo menos de soledad mientras ella estuviera en este mundo conmigo.

Cuando llego mi segundo talibán a los pocos años y tomó la estafeta obligatoria (porque ni se puede defender) de llamarse Silvestre López Portillo y ser el 8avo en línea directa retome la tarea diaria de que supiera lo hermoso que es llamarse como su abuelo y como su padre. Obviamente si con mi hija nunca más me sentiría solo, ahora con mi mancuerna completa simplemente esa palabra “soledad” la he borrado de mi vocabulario.

 

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