‘La piel que habito’ (2011)

Pedro Almodóvar vuelve a las pantallas demostrando que la edad solo lo hace más retorcido y maravilloso en la silla de director. “La piel que habito” narra la historia de Robert Ledgard (un regreso decoroso de Antonio Banderas), un eminente cirujano plástico que ha sufrido la pérdida de su esposa y después de su única hija debido a suicidios.

La tragedia de su hija es lo que más le afecta y al encontrar que la razón de su suicidio puede ser un “abuso sexual”, busca al joven causante llamado Vicente y lo secuestra. A partir de este momento entramos en la vida y sobre todo a la casa del cirujano y descubrimos a una joven llamada Vera Cruz (Elena Anaya) que viste un traje de licra que la cubre de pies a cuello ajustando su cuerpo como una faja.

Vive haciendo yoga y ejercicios, tiene todas las comodidades y lujos como en una prisión de barrotes de oro, aunque no es feliz. Su relación con Robert es de amor, sexo, prisionera y odio. Aún no sabemos por qué. Marilia (estupenda Marisa Paredes) funge como ama de llaves del cirujano y es la única que sabe todo lo que pasa en la casa. Trae también su historia de sufrimiento al mismo tiempo que es cómplice de su empleador.

Poco a poco la historia de un pasado se va contando y como Pedro Almodóvar nos tiene acostumbrados, va desojando todo para toparnos con sorpresas, perversiones y conflictos que solo él puede manejar a la perfección. De nuevo tenemos ambientes que combinan tensión y alegría, el humor perverso como sarcástico, los espacios iluminados pero encerrados como cárceles, la pulcritud de las tomas como de la casa, las actuaciones intensas pero controladas, todo el estilo de Almodóvar que nos hace ver el amor enfermo de un “artista” por su obra y los giros de tuerca que como espectador nos sorprenden y nos hacen llevarnos a casa más que un buen rato de cine, un gran tema de conversación.

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