La Bella y la Bestia / Critica

Colaboración de Paulina Salazar Terán, conductora del programa “Jump Cut” que se transmite por TVUDLAP todos los miércoles.

bella y la bestia

Desde que vi el tráiler de “La Bella y la Bestia” de Bill Condon, el año pasado, sentí muy en el fondo que era una mala idea.

Últimamente hemos visto adaptaciones de clásicos de Disney a live-action como “El Libro de La Selva” (Jon Favreau, 2016), “Maléfica” (Robert Stromberg, 2014)  y  Cenicienta ( Kenneth Branagh, 2015); y gracias a su éxito en taquilla, ya se anunciaron las filmaciones de Dumbo (Tim Burton), El rey león (Jon Favreau); Aladinn (Guy Ritchie); Cruella ( Protagonizada por  Emma Stone); La Sirenita con nuevas canciones de Lin-Manuel Miranda (Moana) y finalmente Mulan.

La película de Condon es bastante similar a la película animada, así que nuestra nostalgia no se ve afectada si de recordar se trata.
Bella (Emma Watson) vive en un pueblo pequeño que la etiqueta como la “rara” por ser instruida y reservada, cosa que no le incomoda en lo más mínimo. Un día su padre (Kevin Kline) hace un viaje al mercado que sale mal. Al no regresar a casa, Bella decide ir en su búsqueda. En el camino se encuentra con un castillo que pareciera abandonado en donde descubre a su padre encarcelado por la Bestia (Dan Stevens), quien sufre de una maldición impuesta por una bruja que afecta su apariencia junto con los sirvientes del castillo. La Bestia le propone a Bella dejar libre a su padre a cambio de que ocupe su lugar. A partir de ese momento la historia que casi todos conocemos avanza sin ninguna novedad.

Los puntos fuertes de la película caen en la mayoría de los números musicales, en especial los que no incluyen ningún tipo de efectos CGI y que con solo coreografías bien montadas (aunque sea en escenarios pequeños); logran que se disfrute la magia del cuento. Pasa lo contrario en los musicales que saturan de efectos al grado de ver una Bestia tan falsa que nos saca de la magia, o como ocurre con la canción Be Our Guest que es visualmente encantadora por un momento, pero se convierte en algo parecido a una “contaminación visual” cuando se multiplican las acrobacias digitales a más de lo que el ojo puede digerir.  Una nominación al Oscar de Mejor Vestuario, sería lo de menos. La caracterización y el detalle que se le imprimió a la cinta es magistral, digno de un verdadero cuento de hadas que, aunado con la coreografía, hacen que los números de baile y escenas con gran número de actores sea un deleite que encanta al espectador.

Emma Watson como Bella es sin duda un caso de casting por parecido físico y por publicidad. Llega un momento en el que el movimiento de sus cejas no es suficiente para un papel que necesitaba de gran presencia escénica y sobre todo de “cantar”. Sus interpretaciones se notan extremadamente arregladas, apenas se alcanza a distinguir que es su voz y no la de un robot. Emma siendo Emma va en completa discordancia con el resto del cast y parecieran brillar mucho más que ella, adueñándose de la película. Hasta Ewan McGregor (Lumiere) y Emma Thompson (Sra. Potts) sacan más provecho de sus personajes, los cuales no requerían ningún tipo de expresión facial. Ni modo, al final terminó muy blanda en su personaje.

Algo que muchos de los que vayan al cine a ver la película están esperando, es al personaje “abiertamente gay”. Todas las escenas entregadas por Josh Gad, quien interpreta al cómplice de Gaston (Luke Evans), Lefou son increíblemente cómicas. La química que existe entre Lefou y Gaston es todo lo que los animadores de la película original soñaron. La actuación de Gad tiene divertidas pistas homosexuales con un toque de humor parecido al de Some Like It Hot (Billy Wilder, 1959), que incluso tienen un guiño travesti que resulta muy gracioso y nada por lo qué escandalizarse.

La cinta prometía bastante, pero fue condenada por su uso excesivo de las imágenes por computadora donde no había necesidad de que existieran en primer lugar. Los actores fueron quienes elevaron la película a un evento con corazón y al final, fueron ellos quienes dieron ese algo que hizo que valiera la pena pagar una entrada.

 

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