KONG

Crítica por Paulina Salazar.

La cinta del director Jordan Vogt-Roberts parece hecha para poder escuchar música de la era de Vietnam con un poco de delicias visuales. Lejos están los días de su callado debut del Festival de Sundance, The Kings Of Summer (2013) y viene Kong: Skull Island a abrirse paso entre su filmografía independiente.

Es 1973, la guerra está acabando, se necesita un poco de locura después del fracaso de la guerra sin motivo. ¿Qué podemos hacer? La respuesta: ir a buscar tierras nuevas que claramente necesitan la ayuda no solicitada de Estados Unidos. Para esta misión, Bill Randa un agente lunático del gobierno –de la parte del gobierno que se trata de mantener oculta, no por secreta, sino por ridícula– junta un equipo formado por James Conrad (Tom Hiddleston), un rastreador experto y Mason Weaver (Brie Larson), una fotoperiodista anti-guerra, científicos que apoyan la locura de Randa y un montón de soldados extraídos directamente de Vietnam, días antes de su despachamiento a Estados Unidos –yo también estaría enojada y con ganas de matar algo– todos con el propósito de ir a una isla desierta. Aquí está el gato encerrado: Randa tiene un secreto, algo malo habita en el terreno.

Cuando llegan, la presencia norteamericana se hace evidente en la isla, bombas cayendo por todos lados. Claro, esto hace que la bestia de la isla, un primate gigante que rige las tierras llamado Kong, se despierte y quiera matar a todos los visitantes. Preston Packard (Samuel L. Jackson) Teniente Coronel del equipo militar, toma una vendetta personal con el animal. ¿Cómo se atreve él a matar al espíritu de los Estados Unidos? Debería darle vergüenza, asesinando a sus atacantes.

La película goza de una premisa llena de sátira muy entretenida. Es una manera de representar la sed de guerra de nuestro vecino del norte, que como niño pequeño después de perder una pelea, necesita ganar en otra para convencerse de qué tan indispensable es.

La música nos transporta a la década de los 70, marcha a la guerra con nosotros y a pesar de que Creedence Clearwater Revival haya estado en un millón de películas de la época, se siente como nueva y extrañamente, podemos estar de acuerdo con Vogt-Roberts al haberla puesto. Encaja perfectamente con el ritmo de la acción y es parte de la narración de manera casi más importante que los diálogos porque lamentablemente, la cinta está llena de actores por doquier, esta sobrepoblación hace que los personajes no se luzcan y que cada uno tenga un máximo de diez líneas. Al final, parece que los diálogos son pequeños intercambios que no tienen relación entre sí para poder lograr formar un largometraje.

Samuel L. Jackson y John C. Reilly –en el papel de Hank Marlow un soldado extraviado desde la Segunda Guerra Mundial en la isla y acogido por los nativos– son lo mejor de la cinta, dándonos un poco más de historia de su personaje y aportando un anclaje a la película, algo de qué agarrarnos en una locura. Ni la ganadora del Oscar, Brie Larson, pudo encontrarle más carnita a su tiempo en pantalla, es mucho más cast del que Kong pudo masticar.

Los animales hechos por computadora son extraordinarios, complementados por el original diseño que los hace parecer sacados de cualquier pesadilla. Carlos Huante (Prometeo, Hellboy, Blade Trinity) fue el diseñador encargado de los monstruos, así que no es sorpresa el nivel del resultado junto con la Dirección de Fotografía extraordinaria, de mano de Larry Fong (300, Sucker Punch, Watchmen) quien ayuda a todas las criaturas a parecer magníficas. Los atardeceres y colores que remontan a la época actuando como un vehículo retro que nos lleva tanto a la década, como a la isla junto al equipo de exploradores.
Se ha hablado mucho acerca del inevitable encuentro que tendrán Kong y el legendario reptil gigante, Godzilla, pero ya podemos darles una fecha de estreno: 2020, nos quedamos pendiente del director en la próxima película del Monsterverse. Al final de Kong: Skull Island, acepté que toda la cinta pudo haber sido un video musical muy entretenido y que hubiera tardado menos. Pero si eso significara verla en una televisión, lejos de la experiencia 3D y del collage musical, muchas gracias, pero no gracias.

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