Goyo, una mente brillante y una retorcida celebridad

Goyo, una mente brillante y una retorcida celebridad

Por: Alejandra Florida

En la Ciudad de México surgió un asesino serial, el estrangulador de Tacuba que causó un gran revuelo en la sociedad de los años cuarenta. Aunque existen numerosas investigaciones y estudios sobre ese caso, la historia perdió impacto a lo largo de los años sobre los crímenes que cometió y sobre todo, la impartición de “justicia” que recibió este criminal.

A partir de este caso real, Los crímenes de mar de Norte retomó a través de crónicas los asesinatos de Goyo, el estudiante ejemplar de química que se convirtió en noticia cuando descubrieron los cuerpos de cuatro mujeres enterrados en el jardín de su casa.

La cinta tiene una ligera influencia del cine negro, con ambientes decadentes, iluminación tenue, la figura de femme fatale que lleva a la tragedia, y sobre todo; quien parece más débil es capaz de cometer actos terribles sin parecer sospechoso.

Es la primera vez que se realiza una cinta sobre este caso, José Buil fue el encargado de dirigir y escribir esta historia sobre éste homicida. Sin embargo, en la presentación de los personajes, hay una falta de claridad sobre el protagonista. El director aborda la historia a través de los ojos de Jorge – El Calavera – (Vico Escorcia) y no de Gregorio (Gabino Rodríguez), causando que Goyo pierda mucha presencia; un personaje sumamente interesante y controversial.

 

Gabino Rodríguez logra darle un carácter desagradable al personaje con una apariencia sobria, a pesar de que el guion solo se enfoca de manera superficial en sus asesinatos. No hay una exploración más profunda sobre aspectos psicológicos y su entorno que permita entender las razones de estrangular mujeres.

De igual modo, sucede con Graciela (Sofía Espinosa), la mujer por la cual Goyo está dispuesto a todo por su amor y Paquita (Norma Delgadillo), logran actuaciones atractivas pero no hay una presentación más completa de de sus personajes ante las limitantes del guion.

Sin embargo, cuenta con componentes sobresalientes como el diseño de arte, donde todos los elementos están muy bien cuidados y se refleja la investigación acorde a la época. La fotografía en blanco y negro de Claudio Rocha crea esta atmósfera de claroscuros que nos traslada a un ambiente lleno de sombras e infortunios.

A pesar del trabajo fotográfico para recrear un espacio de suspenso, no se logra un entorno de angustia. Cuando Goyo comete los asesinatos no parecen realistas, se muestran de forma mecánica y poco naturales cuando ataca a sus víctimas, perdiendo esa sensación de peligro.

Es un capítulo de la historia mexicana sumamente atractiva, plasmar a uno de los homicidas seriales más controversiales de nuestro país, pero es inevitable el sentimiento de plenitud coartado en el tratamiento de la narración. Donde no se exploran hondamente las motivaciones de los personajes, faltó entender el pasado de una mente brillante y retorcida que logró convertir su imagen de asesino en celebridad.

 

 

 

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