Después de Lucía, crítica

“El bullying mata”. Esa es la frase contundente que enmarca una de las películas mexicanas más importantes y bien armadas que he visto en mucho tiempo.

Al arranque de la película vemos a un hombre al que le están entregando su coche en un taller tras diversas reparaciones. A los pocos minutos de manejarlo, el hombre sale y lo deja apagado en un semáforo mientras camina alejándose de él. Ese hombre es Roberto, y su acción ya nos tiene tan consternados como él mismo se siente. Esta simple secuencia nos da la información del accidente de la mujer de Roberto, Lucía la cual acaba de fallecer recientemente. Todo lo que ocurre en la cinta es después de Lucía.

Vemos a Roberto y a su hija Alejandra que llegan a un hogar nuevo en la ciudad de México después de haberse mudado de Puerto Vallarta. Ella es estudiante de preparatoria y él chef. Los dos personajes tratarán de comenzar una nueva vida, solo se tienen a ellos y su confianza, comparten un duelo y también un dolor, pero cada quien lo refleja a su manera, a su edad y bajo sus circunstancias.

Alejandra tiene nuevos amigos, después con ellos emprende un viaje a una casa de campo donde el alcohol y las drogas llevan de una cosa a la otra hasta verse atrapada en una de las situaciones más incómodas para cualquiera.

La tecnología y las redes sociales han difundido lo ocurrido en la casa de campo y ahora Alejandra es víctima del bullying. Roberto por su parte no se acomoda con su nuevo trabajo, pierde la comunicación con su hija y se aleja también de una tía que constantemente les llama.

La cinta del director Michel Franco que ganó el premio principal en Cannes en la categoría de “Una cierta mirada” no tiene resguardos ni maquillajes. Es un retrato duro de las acciones y sobre todo de las terribles consecuencias. Es el resultado de meter en una licuadora el dolor, el duelo y el bullying para dar como resultado un coctel mortal para los personajes y también para los espectadores.

Las actuaciones de Tessa Ia y Hernán Mendoza son muy buenas. El ritmo y las acciones transcurren sin música, pero la tensión del gran guión no necesita que se acentúe para nada con ninguna nota musical. Esta es una película imperdible, importante y sobre todo muy recomendable la cual no solo le dará un buen café saliendo de la sala, sino mucho tema de charla si es papá de una adolescente o un joven preparatoriano.

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