Café Society

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Café Society

Silvestre López Portillo Villegas

El festival Internacional de cine de Cannes arrancó con la cinta del director Woody Allen “Café Society”.

Allen no es ajeno al festival, ésta es la 12ava vez que participa pero siempre fuera de la selección oficial, ya que no cree en las competencias y como él mismo dijo por la mañana en su conferencia de prensa, va contra sus principios.

Sus películas han inaugurado en tres ocasiones este evento, siendo la primera en el 2002 con “Hollywood Ending” y en el 2011 “Media noche en Paris”. A sus 80 años de edad, Woody ha filmado más de 50 películas y las 35 últimas han sido filmadas y estrenadas una por año.

En ésta edición 69 de Cannes Woody Allen se mostró mucho más nostálgico, enamorado y también fresco en su comedia. La reacción en la función de prensa fue cálida y con aplausos.

“Café Society”  se sitúa en la década de los 30 y nos presenta gracias a la voz de Allen como narrador; una historia de amor y desamor en dos líneas, una situada en Nueva York y la otra en Hollywood.

Bobby es un joven judío de Bronx que llega a Los Ángeles para trabajar con su tío Phil Stern quien es un poderoso empresario del cine. Desde el primer momento Phil le pide a su asistente Vonnie que le muestre el mundo cinematográfico a Bobby dando inicio al triángulo amoroso de estos tres personajes.

En las actuaciones tenemos a Jese Eisenberg que regresa como alter ego de Allen con una actuación convincente pero nada memorable. Kristen Stewart en el rol de la secretaria Vonnie con una interpretación plana y luciendo su economía de aptitudes o gestos y finalmente, un Steve Carell que se nota es el que más disfruta su papel.

Woody Allen pese a su fortuna en la filmación no ha sido tan efectivo en sus 4 últimas películas (contando que Blue Jasmine sobresale solo gracias al trabajo de Cate Blanchett); para su servidor el toque de un veterano se había perdido.

Con “Café Society” se puede distinguir un resurgimiento de varios elementos que le daban el sello al director como el humor y la crítica hilarante tanto de sí mismo como de diversas situaciones.

En la línea de Hollywood, Allen señala rudamente a la industria del cine, al “bluff” del manejo de las relaciones públicas, auto compadece el nunca reconocimiento de los guionistas y sobre todo, llena de comedia el manejo del desamor. Por el otro lado, Nueva York es el regreso a su casa, a sus bases. Toma de nuevo su ciudad y la ilumina, la recorre y se anima como antes a meternos en los espacios cerrados donde las familias hablan y se pelean, regresa a las bromas del judaísmo y a sus mafiosos.

La cinta en general es buena aunque nada original; sin embargo, en esta ocasión la estrella es la fotografía. El maestro Vittorio Storaro hace uno de sus trabajos más impecables en la iluminación y le da a la película el mejor pretexto para que pueda decirles que no se la pierdan.

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