Adiós Gabo

A lo largo de mi vida he tenido breves encuentros con personas a las que admiro y respeto. Muchas veces han sido simplemente en una calle, un elevador o en algún evento al que he asistido y me he conformado con solo ver a la persona, a veces una sonrisa lejana y otras un saludo de manos. Gabriel Garcia Márquez fue uno de esos encuentros que jamás olvidaré. Debo de aceptar que yo no devoro libros ni se mucho de autores, pero en mi vida Mario Benedetti y Gabriel Garcia Márquez se convirtieron en mis mejores compañeros por muchos años.

Conocí al Gabo (como le gustaba que el mundo le dijera) como la mayoría, leyéndolo. Solo que yo tuve que hacerlo por la fuerza en la preparatoria. “100 años de soledad” era un texto obligado en mi escuela y pues no de tan buena gana tuve que soplármelo. Debo de decir que la familia Buendía y el pueblo de Macondo se quedaron por siempre gracias a esa actividad escolar. En ese tiempo las cosas en mi escuela no iban muy bien así es que recuerdo algunas mañanas de pinta con el libro bajo el brazo esperando a que los “académicos” resolvieran si me quedaba en la escuela o no (esa es otra Caja Negra).

Después me tuve que ir de avanzada a vivir a Acapulco con mi padre poco tiempo antes que mi madre y hermanos. Mi padre si es un devorador de libros y en todo momento traía uno. Como yo andaba en un periodo de prueba y cambio de vida pues no me iba a quedar atrás y conseguí “El amor en los tiempos del cólera”. Maldita la hora en que se me ocurrió leer la historia de un amor frustrado, apasionado, idealista y tan lleno de momentos mágicos como el de Fermina y Florentino cuando yo venía de alejarme de una ciudad, el amor y la amistad de mucha banda que no volví a ver hasta muchos años después.

En la universidad mi socio y querido amigo Inti Barrientos tuvo la valentía de prestarme su preciado libro de “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”; que ya desde el titulo me parecía una novela de acción y suspenso muy atractiva. De nuevo ese sentimiento de “devorar” un texto y quedarse con las palabras del Gabo clavadas en la mente. Recuerdo la noche en la que tuve que devolverle el libro a mi socio y nos quedamos horas con unas cubas hablando del texto junto con su novia en ese momento la cual falleciera algunos años después.

Ya entrado en mi etapa Garcia Márquez y estudiando comunicación me leí “El secuestro: Guion cinematográfico”, “Cronica de una muerte anunciada” “El coronel no tiene quien le escriba”, “Noticia de un secuestro” y “Doce cuentos peregrinos” donde se encuentra una de mis historias favoritas la cual me hizo llorar llamada “la luz es como el agua”.

Esos años de estudiante inculto universitario son donde cada texto es un redescubrimiento de tu persona y de la vida. Lees tratas de digerir el texto y descubres que la noche, los cigarros y las cubas son el acompañante perfecto para las charlas con amigos que están viviendo o leyendo lo mismo que uno (eso creía). Con el gabo blofeábamos muchos, dizque entendíamos las metáforas, los sufrimientos y el amor intenso de sus personajes, llenábamos las horas con humo y palabrería.

A la hora de hacer mi tesis decidí que quería contar una historia y no hacer un trabajo formal con capítulos y esas estructuras académicas. Obviamente no quería un texto tipo Garcia Márquez pero si supe que la forma de contar mi tema, sea cual fuere, tenía que ser de forma narrativa, incluso con juegos o paseos a través del tiempo. Eso hice y gracias a dios no me fue mal.

Ya en mi vida profesional en el cine Gabriel Garcia Márquez volvió. La primera producción que vi fue “Edipo Alcalde” dirigida por Jorge Alí Triana la cual tienen en el guion al gabo. En 1999 Arturo Ripstein dirige “El coronel no tiene quien le escriba”. De nuevo con un guion de Garcia Márquez y dirigida por Lisandro Duque vi “Los niños invisibles”. Mi expectativa de la película del 2006 “El amor en los tiempos de cólera” era muchísima y la verdad no quede muy conforme con ella. No he visto “Del amor y otros demonios” que salió en el 2010 pero si “Memoria de mis putas tristes” recientemente estrenada la cual tampoco lleno la magia de la novela que es también una de mis favoritas.

Con mucho de este antecedente me encontraba hace unos años en el festival de cine de Guadalajara trabajando. Una de las fiestas que se hacían era la de “la prensa”, la cual tomaba lugar en un salón de baile con orquesta en vivo y una pista para bailar enorme. Le llamábamos la fiesta arrabalera. Esos lugares de sillas con marcas de cerveza o refresco, con tablones como mesas y casi vasos desechables; sin duda eran de las mejores noches del festival. En esa ocasión me toco sentarme en una de las mesas cerca de la entrada. Ya con trago en mano y charla arrancada veo que entra el mismísimo Gabo y le dan la mesa continua a donde esta yo.

No puedo describir el shock y la emoción de ese momento. Yo pretendiendo ser “cool” me conforme con solo mirarlo charlar con amigos, reír siempre y de vez en cuando darle un trago a su bebida; hasta que no aguante y fui a saludarlo.

Me pare a su lado, él sentado, lo salude y le dije: “Don Gabriel mucho gusto, soy Silvestre López Portillo y solo quería saludarle y decirle que lo admiro mucho”; el permaneció sentado y respondió “hombre pues mucho gusto”, remate con un “muchas gracias por sus textos porque me han acompañado toda la vida, de veras muchas gracias” y continuó “gracias a ti por leerlos”. Me despedí solo diciéndole “que este usted bien” y él con un “igualmente”. Me aleje de su lado, camine un paso y me volví a sentar con los ojos llorosos y emocionado de haber saludado a quien siempre he considerado a un gran amigo y compañero de algunas batallas.

Hace unos días que me entere por medio de Fernanda Familiar de la muerte del Gabo estaba de nuevo en Acapulco en la alberca viendo nadar a mis talibanes y con la piel fría recordé muchos de los momentos que he escrito en estas líneas que viví con sus textos. Al acercarme a los talibanes y darles la noticia no pude aguantar la tristeza de decirles que un compañero había muerto, les conté sobre el gran autor y ellos me abrazaron muy fuerte como siempre y comentaron: ¡buena plática va a tener ahora la abuela Pepé en el cielo!

Todas las redes sociales se inundaron con la noticia de su muerte de ideas, pensamientos y expertos en sus libros; como dije antes, yo ni soy experto en libros ni mucho menos he leído todos los textos de Gabriel Garcia Márquez, pero sí puedo decirles lo que a mi vida corresponde y platicarles que ese breve apretón de manos del Gabo ha sido de los momentos más felices de mi vida.

 

 

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